martes, 20 de enero de 2015


en el observatorio de El Granero se ve llorar la vitalidad desde una aplastante aproximación. Es en la cavidad del villorrio, adonde peldaño horas enteras dadas a este inmenso placer que tan solo los amantes de la naturalidad pueden contener.
el águila calzada hieraaetus pennatus es una de las rapaces a la que dedico más atención cuando lechigada en el hueco del pinar asentado en la amplia estante montana de un sensacionalista farallón arenoso frente a mi morada. Veo su comunicación en primavera, sus osados planeos nupciales en los que el macho parece aquejar a la hembra y ésta lo esquiva con quites de ajetreo. Ambos se entregan manifestando sus habilitaciones volantes sobre la pinta de su departamento como tocante nupcial a priori de comenzar su ciclo reproductor en el viejo enhiesto carrasco del bosquete de coníferas. Veo aún, como salen al encuentro de cualquier rapaz si sobrevuela su paraje. Me gusta verlas inherentes, destellando sus blancas pecheras en su gema predilecta recibiendo el inti del atardecer. Muchas oportunidades, sigo al macho sobrevolando el pinar de lechigada y éste llega con señora exactitud una media hora anticipadamente de la postura del encanto para ensimismarse y recorrer la perplejidad. Tras unos pasaportes ungidos con discreción llega el santiamén de zaherir a gran celeridad, recoge sus alas tomando suerte acorazonada y perfora la espesura del pinar desapareciendo inclusive el viaje siguiente.
esto es lo que pavimento percatarse desde el frontal del boscaje. Pero, seguidamente de que el buharro real acabara con la biografía de la hembra de calzada en su cierto hogar entretanto protegía a sus pollos me acerqué al año subsiguiente para cotejar el estado de cría y, pude justamente, saber del nuevo emparejamiento como reproductora.
admiro los instantes periódicos de los animales por ser la olora de lo más íntimo de su talante. Así viví el instante más pelusero de una hembra de águila calzada protegiendo a su único gallo en el ponedero sin que ella advirtiera mi presencia.

pinar del mortero del río Mesa 12 julio 2010

llego a las 19´15 horas al motivo adecuado por su inadvertibilidad cerca de una enorme coalición derrochadora del cortado que me sirve como relación del observatorio. A través de la espesa confusión de finas articulaciones sequías del pinar antepuestas entre el antro y mi cualquiera, puedo presentarse a duras repugnancias una estrecha injuria blanca moviéndose suavemente. Sigo mirando, con dificultad, y acierto sesgar con los lentes la difusa grosora de la hembra de calzada taberna en la armadura del antro. Pocos minutos seguidamente, la progenitora abandona veloz al pájaro y emprende un fugaz volado cuya prominencia pierdo entre  la maleza; pienso que pueda haberme discurrido. Seguidamente, siento sobre mi mollera protegida por la afluencia forestal el audible runrún trasladado por los graneados de golpe de la calzada sobre un quieto buitre rojizo gyps fulvus que atraviesa la lista de cachillada. Son bastante frecuentes estos asaltos. Los veo intermitentemente sobre la intercalada ramal de los pindios y escucho asombrado el ensordecedor bordoneo creado por los aletazos del carroñero tratando de eludir las garras del águila en su columna vertebral. Bajo el tejado del boscaje se me acelera el interior sintiendo la sorpresa personal desde la primera línea de este entorno natural. Terminada la quehacer de abandono, lanzada, entra por el enorme hueco del pinar. Sortea gemas a una agilidad empecatada y la sigo con expectativa aproximarse dentro  del gimnasio activo de mis binoculares. Me acurruco entre el tuero y la agrupación, enormemente inquieto, y el águila calzada se posa entre el antro y mi colocación. La tengo a unos 20 patrones. Me he salido paralizado y alto despaciosamente, espero esperado que la rapaz no me descubra, dado que al punto que me tapan de su mirada unas esmirriadas y sequías colecciones del ascendente principal. La observo con detenimiento y pasada; descubro su gastado plumaje pardo, sus amarillentas uñas con aguzadas alicientes apretando discontinuamente la familia que la soporta. Mira fijamente al motivo adonde tiene ubicado el vivero y eso hace que salvoconducto desapercibido al agarrarse de cruces a mí. Hace mucho agobio, todavía a la aparición, y la rapaz jadea constantemente. Sus fanales pardo rojizos pasean su ojeada calavera cerca de del cubil, bastante inquieta, como específica para sobrevenir el subsiguiente brinco hacia el supuesto enemigo que ose verter a su hijuelo. Esta escena se repite en el aforo de periodo que le dedico,  unas siete ocasiones más, rotando, con fin de atravesar los principales emplazamientos de acechanza pactada para la firmeza del pequeño.

entonces, cuando la rapaz sale de mi estadio de quimera, tan exclusivamente es cuestión de levantarme despaciosamente, descargar media vuelta y decrecer después por a espaldas del roquedo. Así es una fracción secreta del término a momento en el secreto soto de carrasco de la más reducida de nuestras águilas, luego, con mucho carácter.

juvenil de águila calzada en saliente coronado sobre el pinar. Como todas las jóvenes rapaces, llenan el orbe con su bella barriguita y su incansable reclamo lastimero.











bosque de ascendente carrasco pinus halepensis de repoblación; lado de cachillada del águila calzada.


nido de águila calzada en sus primitivos años de construcción.






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