martes, 24 de marzo de 2015


jardín fitógrafo de Río de Janeiro 28- 10- 2014; 14´59 horas

estoy vacilante, sin objetivo concreto ante el revoloteo huidizo de varias pajarracos que desaparecen en el boscaje entretanto me aproximo a ellas a orificio lento. No consigo de ningún estilo fotografiarlas. Hay mucho alboroto interiormente del boscoso y oscuro chasis arboriforme, por contra, la pequeña esplendora me impide embolsar alguna toma decente. Resulta horrible.
un observancia del huerto fitólogo me advierte gesticulando y en voz baja del avistamiento de una zancuda que ha sujetado un resina; supongo que lo hace al helminto con la alcoba de fotografías. Estoy inmerso en el rastreo de los tucanes aunque, no quiero hacerle un mico y agradezco su atención, por ende, acudo con ahínco. Allí todo es interesante, completamente todo.
la zancuda camina con ataque estable, orgulloso, portando un enorme brea atravesado por sus dos garabatos, es una buena captura, justamente. Con las barbas presionando la presa insertada no tiene ninguna opción de eludir. La organización de la zancuda es la de concluir el preciado resina cuanto previamente, puesto que éste mantiene su aleta dorsal desplegada siendo su única alternativa para inmovilizar al máximo su inconsciente hado. El porte de la gran garza es deslumbrante, hablo de una zancuda de 125 cm de estatura la anciano del término brasileño; 35 cm mas que nuestra zancuda real ardea cinerea. una oportunidad alcanzado el fangal de la arista deposita la presa y la arponea varias sucesiones; no es una imagen afable. Por si afuera poco, a sarta, la presiona contra el limo como si pretendiera asfixiarla. La lastimada del ardeido es un Hypostomus commersoni, conocido como casquero, vieja negra, vieja de río, etc. Es un Siluriforme de la comunidad Loricaridae natural de manjar de dioses dulce acierto de ríos como de lagos. Puede adquirir los 60 cm de distancia y un yugo de 1´80 Kg. Su ingestión es detritívora; consumidor de todo tipo de nutrientes residuales de las bajuras. A medida que transcurre el intervalo, la impasible y avezada práctica pescadora de la garça moura consigue doblegar definitivamente la fortificación del acorazado siluro. Abatido, su cutícula dorsal languidece al ritmo de su propia fuerza, plegándose paulatinamente. La incólume garza lo enjuaga sutilmente y comienza in situ el juicio final con la ingestión.

os dejo con la teatral escena fotográfica entre la zancuda moura y el casquero.

cuando son pequeños los casqueros se utilizan, perfectamente, para ejecutar limpieza del pedestal de los acuarios  


























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