jueves, 19 de diciembre de 2013

Van llegando poco a poco, en primer lugar, los machos de estas aves trajeadas con su elegante librea blanquinegra para seducir a sus futuras parejas. Han pasado el invierno en África subsahariana y los machos se adelantan una semana a las hembras en su retorno a la Península Ibérica. Retornan a partir de la segunda quincena de abril, cuyo paso se incrementa en el mes de mayo; existen también avanzadillas a finales de marzo.
 
Buscan, sobre todo, los huecos en árboles corpulentos para anidar, inspeccionando a fondo cada uno de ellos para comprobar que estén libres de parásitos. Las cajas anidaderas son un importante apoyo de cría para los papamoscas cerrojillos (Ficedula hypoleuca). Se debe atender correctamente su mantenimiento anualmente para presentar la limpieza y consistencia adecuadas para futuros moradores.
 
Estos días, sus inconfundibles y vistosos vuelos de caza de rama en rama, o esos bruscos retornos a sus habituales posaderos, inundarán nuestros campos. Serán el azote implacable de todo tipo de insectos voladores adecuados a sus posibilidades alimenticias y, también, por otro lado, capturarán todo tipo de larvas defoliadoras, hormigas y pequeños arácnidos.
 
Por último y, por desgracia, antes de su migración posnupcial que va entre mediados de agosto y octubre, cuyo punto álgido es septiembre, los papamoscas y otros insectívoros serán esperados por inmisericordes comedores de pajaritos fritos. Utilizarán los cepos trampa, estimulando  con la conocida hormiga de ala como cebo el hambre y la necesidad urgente de estos pájaros por nutrirse contrarreloj y acumular tejido adiposo con que afrontar de nuevo un largo y complicado viaje migratorio de regreso a sus cuarteles de invierno en África. Esta práctica está prohibida en este país pero, en este país, las medidas medioambientales no van con cierto tipo de gente; la ignorancia es así.
 

 

 
Lavandera blanca (Motacilla alba) escrutando atentamente los rincones del talud ribereño donde captura, realizando complicadas escaladas, los insectos que lo habitan.
Grupo de golondrinas (Hirundo rustica) reposando a orillas del Ebro. La cantidad de aves insectívoras que viven de este caudaloso río es innumerable.

0 comentarios:

Publicar un comentario