viernes, 27 de febrero de 2015


jardín fitólogo de Río de Janeiro 28- 10- 2014; 14´59 horas

estoy dudoso, sin objetivo concreto ante el revoloteo huidizo de varias pájaros que desaparecen en el follaje entretanto me aproximo a ellas a sainete lento. No consigo de ningún modo fotografiarlas. Hay mucho balance interiormente del sano y oscuro esqueleto arborescente, por contra, la corta bombilla me impide ganar alguna toma moral. Resulta lamentable.
un observancia del parterre fitólogo me advierte gesticulando y en voz baja del avistamiento de una zancuda que ha atrapado un resina; supongo que lo hace al helminto con la operadora de fotografías. Estoy inmerso en el rastreo de los tucanes empero, no quiero hacerle un grotesco y agradezco su afabilidad, por ende, acudo con beneficio. Allí todo es favorable, completamente todo.
la zancuda camina con vado inmutable, engreído, portando un enorme brea atravesado por sus dos aguijones, es una buena captura, ciertamente. Con las quijadas presionando la zancadilla insertada no tiene ninguna decisión de escapar. La logística de la zancuda es la de acabar el preciado resina cuanto por lo que precede, puesto que éste mantiene su aleta dorsal desplegada siendo su única alternativa para obstaculizar al máximo su inconsciente hado. El porte de la gran garza es deslumbrante, hablo de una zancuda de 125 cm de intensidad la maduro del consistorio brasileño; 35 cm mas que nuestra zancuda real ardea cinerea. una ocasión alcanzado el tremedal de la costa deposita la presa y la arponea varias ocasiones; no es una imagen agradable. Por si afuera poco, a andana, la presiona contra el lodo como si pretendiera asfixiarla. La desaparecida del ardeido es un Hypostomus commersoni, conocido como casquero, vieja negra, vieja de río, etc. Es un Siluriforme de la categoría Loricaridae habitante de refresco dulce tanto de ríos como de sosiegos. Puede ganar los 60 cm de distancia y un censo de 1´80 Kg. Su comida es detritívora; consumidor de todo tipo de nutrientes residuales de las bajuras. A medida que transcurre el periodo, la imperturbable y avezada práctica pescadora de la garça moura consigue doblegar definitivamente la barrera del acorazado siluro. Abatido, su película dorsal languidece al ritmo de su propia energía, plegándose paulatinamente. La incólume garza lo enjuaga sutilmente y comienza in situ el enjuiciamiento final con la ingestión.

os dejo con la teatral escena fotográfica entre la zancuda moura y el casquero.

cuando son pequeños los casqueros se utilizan, evidentemente, para ejecutar limpieza del fondo de los acuarios  


























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