martes, 3 de febrero de 2015


ayer tocaba misa de elites a la Virgen del Pilar y aproveché para originarse de la villa y entregarse ese intervalo que, otros utilizan para el labor mencionado, a rendir un tournée y adivinar pájaros. Me costó despuntar de la furgoneta y, esa ignavia así, fue la que me dio la alerta que podéis intentar en las fotografías.
no voy a achacar al zorro, sobradamente conocido que, quien más, quien a salvo, habrá notado alguna ocasión en su vitalidad de la suerte más desconcertante e rápida. El zorro vulpes vulpes es un cánido harto polivalente y, sobre todo en extremo oportunista, acopiando las conveniencias que le unen al centro antropógeno adonde aprovecha, de buena voracidad, los sostenimientos desechados por los generosos.



los zorros, ignorante de su proceder específico, poseen indistintamente su puro grafema y, esa psicología unipersonal, los hace distinguirse en energías puntuales de otros modelos, haciendo que nos sorprendamos con talantes extraños dada su aventurada circunstancia de llevar a cabo, justamente, como la que demuestran las fotografías de este ejemplar rozagante acercándose peligrosamente a un amable apartado en su transporte. Una de las causas de este desatento acercamiento observador del zorro podría deberse a las notificaciones perrunas en el cupé durante mi hacienda en el lugar, puesto que las neumáticas del medio de transporte son acentuadas con la micción de los cánidos domésticos.



este zorro afortunadamente, está en un lado protegido adonde goza de cierta circunspección. Por esta franja adinerada en la playa del río Ebro a unos siete kilómetros de Zaragoza, se beneficia de la supremacía de una comida alterada. Su bailiaje de búsqueda son amplias cuentas de cultivo de alfalfa y otras series de regadío adonde la fachada de roedores es abundante.  Al amanecer se les puede admirar excavando sus gazaperas para capturarlos al literal que a otros micromamíferos por los pendientes y superficies apropiadas. Tiene por otra parte, la circunstancia de alimentarse de los restos de ovejas muertas desordenadas o de los despojos de comestible desidiosos en los vagones circundantes del paraje. Las moras, escaramujos o bayas de majuelo entre otros vegetales, complementan además la privación del raposo.
 


las estatuas explican mejor que yo el desparpajo de maese raposo frente a mi. No he observado tanto descaro en un zorro. Tan nada más el rasgueo automático de la trampilla al bajarla parecía alertarlo e inquietarlo.

esta aurora he estimado verlo de nuevo y, de hecho, lo he observado sin embargo, llovía, y el cánido llegando por un costado del trayecto, empapado, ha recorrido adelante del medio de transporte tomando dirección, seguramente, al tabardo de su paradero.
estos encuentros me llenan el alma…






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