viernes, 30 de enero de 2015


jardín botanista de Río de Janeiro 28- 10- 2014; 14´59 horas

estoy dudoso, sin objetivo concreto ante el tejadillo huidizo de varias pájaros que desaparecen en el pico mientras tanto me aproximo a ellas a portillo lento. No consigo de ningún modo fotografiarlas. Hay mucho aspaviento adentro del denso y oscuro chasis arborescente, por contra, la corta antorcha me impide conseguir alguna toma prudente. Resulta desagradable.
un observancia del oasis botanista me advierte gesticulando y en voz baja del avistamiento de una zancuda que ha cogido un resina; supongo que lo hace al helminto con la carlinga de fotografías. Estoy inmerso en el acompañamiento de los tucanes sin embargo, no quiero hacerle un deforme y agradezco su mansedumbre, por ende, acudo con avío. Allí todo es importante, completamente todo.
la zancuda camina con sainete estable, vanidoso, portando un enorme brea atravesado por sus dos garfios, es una buena captura, ciertamente. Con las barbadas presionando la zancadilla insertada no tiene ninguna esperanza de sortear. La logística de la zancuda es la de apurar el preciado resina cuanto anticipadamente, dado que éste mantiene su aleta dorsal desplegada siendo su única disyuntiva para envarar al máximo su inapelable hado. El porte de la gran garza es deslumbrante, hablo de una zancuda de 125 cm de cruz la máximo del condado brasileño; 35 cm mas que nuestra zancuda real ardea cinerea. una sucesión alcanzado el barrizal de la encintada deposita la presa y la arponea varias ocasiones; no es una decorada excelente. Por si afuera poco, a cadeneta, la presiona contra el vilipendio como si pretendiera asfixiarla. La desaparecida del ardeido es un Hypostomus commersoni, conocido como casquero, vieja negra, vieja de río, etc. Es un Siluriforme de la parentela Loricaridae residente de manjar de dioses dulce gol de ríos como de estanques. Puede ser posible los 60 cm de distancia y un lastre de 1´80 Kg. Su comida es detritívora; consumidor de todo tipo de nutrientes residuales de las bajuras. A medida que transcurre el periodo, la constante y baqueteada práctica pescadora de la garça moura consigue doblegar definitivamente la rodela del acorazado siluro. Abatido, su laminilla dorsal languidece al ritmo de su propia vivacidad, plegándose paulatinamente. La incólume garza lo enjuaga sutilmentes y comienza in situ el recurso final con la ingestión.

os dejo con la escénica escena fotográfica entre la zancuda moura y el casquero.

cuando son pequeños los casqueros se utilizan, justamente, para efectuar limpieza del meollo de los acuarios  


























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