viernes, 10 de octubre de 2014



me atrevo a nombrar que este carmen es un paso de paz en la capital de Verona. Puede que copiosos se queden en la soñadora tradición de Romeo y Julieta, luego Verona ofrece al turista mucho más. Este carmen renacentista del “cinquecento” es una alhaja que mantiene también el hechizo desde sus fundamentos.


en este punto fascinador y grueso de edad se funden virtuosismo, calidad e descripción. Lo mejor es lograr y confiarse por cada uno de los sujetos que lo componen, fontana, ventanal, dédalo, esculturas, gruta.... La visita a este pensil nos transmite la alegoría del parque renacentista del Cinquecento.


nada más calar el zaguán con estilo renacentista, nos encontramos en un planeta de paz y sosiego.
entre grandes cipreses y inconvenientes que festonean los múltiples vericuetos descubrimos imágenes mitológicas que parece que nos quieran costar algo.

una fontana nos acompaña con el rasgueo del líquido entretanto una paloma se acerca a abrevar el licor fresca para alandar el ímpetu del estío.


al cimiento, a estilo de ventanales, el edén se funde con un bosquete de árboles, a través del cual llegamos inclusive una torreta y un oteador sobre un gran dragón de pedrea que nos controla desde el límite más alto del edén. Desde remotamente, las presencias más primorosas de la capital de Verona.


es en la segunda mitad del siglo Xv hacia 1570, cuando Agostino Giusti comienza con esta parodia, en torno a del santuario adonde se había amparado la tribu Giusti.


un griterío, considerado como el más antiguo de Europa, que fue reformado en 1876 por el arquitecto Luigi Trezza, manteniendo la charpa originaria. Un túnel primordial de cipreses, nos dirige la sagacidad hacia la parte más elevada.





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