sábado, 23 de agosto de 2014


el año pasado, durante el recorrido de los transectos en los que acompañaba a Fernando durante su sufrimiento por la añojal monegrina para avecindar pajarracos esteparias, topamos con tres cornejas negras corvus corone que ante nuestra apariencia, pronto levantaron el volado. Bajamos del transporte y quedamos asombrados al apreciar a un insuficiente lagarto ocelado timon lepidus agonizando, cubierto de heridas sangrantes por todo su espesor. Las inmisericordes cornejas tenían asegurada su vianda ante la endeblez evidente del enorme caimán; esto es así en la calidad. Seguramente, el viejo lagarto ocelado tuviese mermadas sus cátedras físicas y su soslayable caducidad fue el aliciente intachable para estos negros córvidos que de una cruenta guisa iban a superar su final. entiendo justamente por qué este ágil corredor, cual verde centella, desaparece apresurado como si le afuera la fuerza en ello y, evidentemente, le va. No nada más las cornejas los depredan, asimismo he admirado al águila de Bonelli aquila fasciata transportarlos en sus zarpas, al águila culebrera circaetus gallicus y, por supuesto, aparecen ocasionalmente en algún refugio de águila calzada hieraaetus pennatus, águila real aquila chrysaestos y buharro real bubo bubo; por aludir algunos.

en su desesperada huída el lagarto se incrustó en este ladrillo. 
detalle de la noma de la cola.
el concreto que cierra la oquedad del baldosón le impidió respetar adelante.
de nuevo nos tocó apearse a un profundo tanque, esta oportunidad con cuerda al faltar éste tanque de las gafas de eje a modo de escalas. Basta asomarse para percibir el espíritu y ves como una colectividad de estrechas chavales corren despavoridas. Allí por encima, ocasionalmente, se asoma la muerte, lo saben los animales oprimidos y, a sucesiones, cuentan con limitada goma en estas cerradas clausuras para escabullirse del cautiverio y de sus potenciales predadores. había tres lagartos ocelados y rescatamos a dos, el tercero, al que apodamos lagarto de barrillo, escapó, seguramente por que debía infiltrarse buenamente en las corredoras de los ratones que aún habitaban el tiempo (de ahí el barro). Uno de los lagartos se incrustó en la torca de un tocho y quedó atrapado; así lo subimos con la cuerda. Estaba poco desnutrido y presentaba en la mitad posterior de su goma una putrefacción severa.  El otro ejemplar, seguramente dominante, hacía peña de un vigor agradable luego, su étnico apéndice capital fue lesionado, luciendo el regenerado mucho fuera de mono. Por fortuna, este último ejemplar había abierto la muda y podía revalorizarse el destacado antagonismo del verde vivo con el negro y azur de los lunares asomando bajo la flotadora vieja y blanquecina de la corteza saliente. Era libre, y nada mejor para la fruslería que abrir aderezo nuevo. al del baldosón lo liberamos partiendo con cuidado la prisión sin que sufriera ningún apuntamiento y, en su semblanza fugaz como la del otro incauto, manifestaron su afecto a la historia corriendo libres para preservarla en local seguro. Colocamos a más, un enorme tuero ejerciendo de bajada vencible hacia el delantero del tanque y, cuando volvimos al calabrote de diversos recorridos, el lagarto de barrillo ahora no estaba. Preferimos estimar que trepó por el madero.

 un macho mudando la badana; soberbio...
 detalle del antagonismo y luminiscencia del nuevo vestido de escamas. 
 buena mano a los tres.






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