jueves, 19 de diciembre de 2013


Musaraña común (Crocidura russula) buscando alimento en el mes de Diciembre. Pelegrina (Guadalajara)
 
Las musarañas pertenecen a la familia de los sorícidos, micromamíferos con un desarrolladísimo olfato pero, con una capacidad visiual muy mermada. Nada tienen que ver con ratones, ratas y topillos ya que son insectivoras, por lo tanto, emparentan con erizos y topos de similar alimentación. Debido a su voracidad acusada por un metabolismo muy acelerado, pueden incluso, dar muerte a vertebrados como ranas, lagartijas o ratones; éstos últimos por su tamaño, serían consumidos parcialmente. La prisa programada por la necesidad imperiosa de hallar alimento, hace latir su corazón entre 700 y 1200 veces por minuto, capaz de aguantar el ritmo tan acelerado que supone alimentarse de forma constante. Unas pocas horas sin comer les supondría a muchas especies de musarañas una muerte segura. Por ello, las prisas convierten a estos microinsectívoros en víctimas fáciles para determinados predadores, ya que han de bajar la guardia arriesgándose a ser vistas en sus precipitadas incursiones camperas.

Me fastidia bastante encontrar más musarañas muertas que vivas. Muchas de ellas, son presa de predadores que las capturan y abandonan seguidamente debido a su mal sabor. Ello es debido a unas glándulas situadas a ambos lados del cuerpo, productoras de una secreción almizcleña insoportable al paladar. No parece afectar a las rapaces nocturnas, destacando la lechuza, que no desdeña ningún micromamífero. 


Pero, ¿qué supone para las musarañas librarse del predador después de muertas? Para la opinión científica, es el mensaje inolvidable del desagradable recuerdo que dejan a su enemigo. Es probable, que sean confundidas con roedores, sin embargo, el carnívoro que haya probado una musaraña, no repetirá fácilmente el error de capturar a otras de su especie. Teoricamente, supone una ventaja para la estabilidad poblacional de estos sorícidos.
La Ley de Murphy es caprichosa. No sabremos nunca si el predador, acaso frustrado por el insoportable regusto de la presa, no sólo acabara con su vida, sino que sumara perversamente la mala idea de vaciar sus intestinos sobre el cuerpo de la víctima.




Musaraña común (Crocidura russula) abandonada por un predador a un lado del sendero hacia el pueblo de Calmarza (Zaragoza). El excremento podría pertenecer a una garduña.



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