viernes, 20 de diciembre de 2013



me atrevo a cascar que este parterre es un vado de paz en la capital de Verona. Puede que abundantes se queden en la desinteresada explicación de Romeo y Julieta, sin embargo Verona ofrece al turista mucho más. Este edén renacentista del “cinquecento” es una gema que mantiene además el hechizo desde sus principios.


en este sitio cabalístico y compacto de carrera se funden genio, condición e narración. Lo mejor es conseguir y confiarse por cada uno de los factores que lo componen, fontana, mirador, barullo, tallas, gruta.... La visita a este parterre nos transmite la secreción del huerto renacentista del Cinquecento.


nada más rebasar el vestíbulo con gusto renacentista, nos encontramos en un espacio de paz y sosiego.
entre grandes cipreses y muros que festonean los distintos vericuetos descubrimos esculturas mitológicas que parece que nos quieran cronometrar algo.

una fontana nos acompaña con el rasgueo del néctar mientras tanto una paloma se acerca a chingar el refresco fresca para calmar el ahogo del estío.


al fondo, a estilo de ventanales, el carmen se funde con un bosquete de árboles, a través del cual llegamos incluso una torreta y un oteador sobre un gran dragón de coalición que nos controla desde el acierto más alto del huerto. Desde ahí, las perspicacias más estéticas de la capital de Verona.


es en la segunda mitad del siglo Xv hacia 1570, cuando Agostino Giusti comienza con esta ocupación, en torno a del catedral adonde se había acogido la parentela Giusti.


un lío, considerado como el más antiguo de Europa, que fue corregido en 1876 por el arquitecto Luigi Trezza, manteniendo la regla originaria. Un túnel principal de cipreses, nos dirige la audiencia hacia la parte más elevada.





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