martes, 3 de junio de 2014


el año pasado, durante el recorrido de los transectos en los que acompañaba a Fernando durante su quehacer por la añojal monegrina para avecindar pájaros esteparias, topamos con tres cornejas negras corvus corone que ante nuestra traza, pronto levantaron el saliente. Bajamos del medio de transporte y quedamos extrañados al hallar a un arrastrado lagarto ocelado timon lepidus agonizando, cubierto de heridas sangrantes por todo su tamaño. Las inmisericordes cornejas tenían asegurada su alimentación ante la debilidad patente del enorme aligátor; esto es así en la natura. Seguramente, el viejo lagarto ocelado tuviese mermadas sus venias físicas y su eludible caducidad fue el aliciente imponente para estos negros córvidos que de una cruenta guisa iban a atajar su final. entiendo correctamente por qué este ágil corredor, cual verde centella, desaparece apresurado como si le afuera la edad en ello y, justamente, le va. No tan solo las cornejas los depredan, igualmente he disfrutado al águila de Bonelli aquila fasciata transportarlos en sus manos, al águila culebrera circaetus gallicus y, por supuesto, aparecen ocasionalmente en algún nidal de águila calzada hieraaetus pennatus, águila real aquila chrysaestos y buharro real bubo bubo; por mencionar algunos.

en su desesperada huída el lagarto se incrustó en este ladrillo. 
detalle de la putrefacción de la cola.
el concreto que cierra la espelunca del baldosín le impidió apremiar adelante.
de nuevo nos tocó descabalgar a un profundo depósito, esta sucesión con cuerda al precisar éste cálculo de las lañas de rejón a estilo de graderías. Basta asomarse para percatarse el fondo y ves como una compañía de limitadas chicas corren despavoridas. Allí en lo alto, ocasionalmente, se asoma la defunción, lo saben los animales dominados y, a ocasiones, cuentan con reducida colaboración en estas cerradas hierros para escaquearse del cautiverio y de sus potenciales predadores. había tres lagartos ocelados y rescatamos a dos, el tercero, al que apodamos lagarto de lodo, escapó, seguramente por que debía doblarse sencillamente en las lonjas de los roedores que incluso habitaban el lapso (de ahí el barro). Uno de los lagartos se incrustó en la abertura de un azulejo y quedó atrapado; así lo subimos con la cuerda. Estaba poco desnutrido y presentaba en la mitad posterior de su goma una gangrenas severa.  El otro ejemplar, seguramente dominante, hacía elegancia de un follaje formidable luego, su natal apéndice caudal fue despegado, luciendo el regenerado mucho a excepción de resultón. Por fortuna, este último ejemplar había emprendido la muda y podía revalorizarse el destacado antagonismo del verde agitado con el negro y azur de los ojos asomando bajo la ajustadora vieja y blanquecina de la corteza saliente. Era libre, y nada mejor para la oportunidad que abrir hábito nuevo. al del tocho lo liberamos partiendo con cuidado la prisión sin que sufriera ningún arañazo y, en su biografía fugaz como la del otro incauto, manifestaron su encanto a la semblanza corriendo libres para preservarla en punto seguro. Colocamos a más, un enorme leño ejerciendo de cuesta vencible hacia el exógeno del tanque y, cuando volvimos al cordel de diferentes viajes, el lagarto de barrillo ahora no estaba. Preferimos cavilar que trepó por el madero.

 un macho mudando la corteza; soberbio...
 detalle del antagonismo y fulgora del nuevo ropaje de escamas. 
 buena rifa a los tres.






Este post se a creado automaticamente con autoblogger imperium descargalo Gratuito

0 comentarios:

Publicar un comentario