martes, 3 de junio de 2014



me atrevo a afirmar que este edén es un vado de paz en la capital de Verona. Puede que rebosantes se queden en la bondadosa quimera de Romeo y Julieta, no obstante Verona ofrece al turista mucho más. Este pensil renacentista del “cinquecento” es una piedra preciosa que mantiene aún el atractivo desde sus arranques.


en este sitio fascinante y sólido de vivacidad se funden talento, calidad e biografía. Lo mejor es obtener y confiarse por cada uno de los datos que lo componen, fontana, oteador, vocerío, imágenes, gruta.... La visitante a este parterre nos transmite la representación del oasis renacentista del Cinquecento.


nada más incitar el mercado con donaire renacentista, nos encontramos en un universo de paz y sosiego.
entre grandes cipreses y obstáculos que festonean los múltiples caminos descubrimos tallas mitológicas que parece que nos quieran narrar algo.

una fontana nos acompaña con el bordoneo del néctar mientras tanto una paloma se acerca a copear el manjar de dioses fresca para suavizar el ardor del estío.


al fondo, a estilo de ventanales, el oasis se funde con un bosquete de árboles, a través del cual llegamos incluso una torreta y un ventanal sobre un gran dragón de roca que nos controla desde el paraje más alto del parque. Desde allá, las panoramas más garbosas de la capital de Verona.


es en la segunda mitad del siglo Xv hacia 1570, cuando Agostino Giusti comienza con esta parodia, más o menos del alcázar adonde se había recibido la categoría Giusti.


un caos, considerado como el más antiguo de Europa, que fue recobrado en 1876 por el arquitecto Luigi Trezza, manteniendo la charpa originaria. Un pasadizo esencial de cipreses, nos dirige la presencia hacia la parte más elevada.





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