sábado, 31 de mayo de 2014



la semana pasada, trabajé en un apartamento con una perspicacia efectista de la entrada Utrillas y su metafórica chimenea enfaenada por una casal de cigüeñas. Todas las madrugadas estaban en su semillero, ciertamente, cuando me daba el inti de frente. Por la tarde, con el inti a privilegio, les tocaba la visita al río Ebro. Os dejo una breve descripción de esta localidad, la chimenea y sus inquilinas.

 

fue un aforo feliz en sus mejores años, cuando se construyó la fase de ferrocarril en 1857 con el renombre de Cappa por ser éste su impulsor y, seguidamente, sabida como de Utrillas por su recorrido hacia las antiguas canteras de lignito de la anteriora población. Estuvo la línea del tren dedicada principalmente al transporte de habitantes y más tarde al del negro mineral, realizando un importante ministerio a los naturales de Zaragoza y las ciudades del Bajo Aragón. Debido al éxito guardagujas, nació el barrio zaragozano de Montemolín.
el último tren funcionó el 15 de enero de 1966. De todo aquello, quedaron dos inmuebles de bella construcción pertenecientes a la parada, rescatados por la constancia municipal de las uñas de los especuladores inmobiliarios. Gente contendiente que no estaba dispuesta a extraviar tan emblemáticas construcciones. La chimenea incluso se salvó, y fue enfaenada por una pareja de cigüeñas. Por aquel entonces (división de los 90), aún viajaban al término africano a correr el invierno. El dicho de “por San Blas la cigüeña verás” quedó antiguo para estas garzas al acertar las circunstancias y enriquecimientos de los albañales; portar era inmediatamente, un insensato desembolso de fuerza. Gracias a los ligados y amantes de las cigüeñas, insisto, batallando sin entreacto, el nidal no se derribó, dado que era la finalidad de la edificante para erradicar restricciones a su borrador. Para su traslado en 1998 -pues en ese lado iba un emporio comercial- se preparó una charpa plata que recubría toda la chimenea. Introdujeron un macarrón monises y se rellenó de cascajo para compactar los tochos desde en el interior. Las 140 toneladas de chimenea se movieron con dos gruas en 6 facetas para correr los cien metropolitanos aun su campamento definitivo. El precio fue de unos 25 millones de pesetas.
entre los cretinos de la edificadora de nidales que incomodaron expresamente a las cigüeñas con todos los centros posibles para ahuyentarlas y los necios prendiendo rescoldo en la almohadilla de la chimenea para actuar la beatitud, estas pájaros soportaron estoicamente la mala compromiso de esta caterva aun que todos los interesados en su colaboración pusieron amén a tanta cara.

la acogida va dedicada a ellos, por permanecer en la loriga de un perfectamente común para el alfoz y la ciudad.

 
 (anilla 243 V)








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